Los olivos de Van Gogh (1889): la serie de Saint-Rémy y el cuadro del MoMA

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Los olivos son una de las grandes series de Vincent van Gogh: al menos quince cuadros de olivares pintados en 1889 en Saint-Rémy-de-Provence, durante el año que pasó internado en el asilo de Saint-Paul-de-Mausole, cuando le permitían salir a pintar al campo. El más famoso es Los olivos con los Alpilles al fondo (junio de 1889, F712 / JH1740, 72,6 × 91,4 cm), del MoMA de Nueva York, que se suele considerar la pareja diurna de La noche estrellada: «Por fin tengo un paisaje con olivos, y también un nuevo estudio de un cielo estrellado», escribió a Theo hacia el 18 de junio (carta 782). Otros olivares de la serie están en el Museo Van Gogh, el Kröller-Müller, el Metropolitan, la National Gallery de Washington, la National Gallery de Escocia y Minneapolis. Los olivos fascinaron a Van Gogh por sus colores cambiantes y sus formas retorcidas, y el cuadro del MoMA fue de los pocos del envío de septiembre que él mismo consideró «un poco buenos».

Significado de Los olivos: qué representan

Para Van Gogh los olivos eran, con los cipreses y los trigales, lo característico de Provenza. Los pintó a distintas horas y en distintas estaciones, con los colores de cada momento, y los encontraba a la vez «exigentes y fascinantes». A Theo le escribió que estaba «luchando por atrapar» los olivos: «Son plata vieja, a veces con más azul, a veces verdosos, bronceados, blanqueando sobre un suelo amarillo, rosa, violeta, naranja teñido… muy difícil». Y añadió que «el rumor del olivar tiene algo muy secreto, e inmensamente viejo. Es demasiado bello para que nos atrevamos a pintarlo o podamos imaginarlo».

Pero los olivos tenían además un significado espiritual. Van Gogh había querido ser pastor y, aunque rechazó la religión estrecha de sus padres, encontró en la naturaleza una espiritualidad propia: en los ciclos de los árboles en flor, los olivares y los campos veía una analogía de la vida humana. Y sabía que el olivo estaba unido a episodios clave de la vida de Cristo, como la agonía en Getsemaní, el huerto de los olivos. El grupo de cuadros de mayo y junio de 1889 representa la vida y lo divino; el de noviembre nació de su intento de expresar lo que sentía sobre Cristo en Getsemaní, y las recolectoras de aceitunas muestran la relación entre el hombre y la naturaleza a través de la cosecha.

Contra Gauguin y Bernard: «un Cristo en el huerto de los olivos, no»

Los olivares de otoño fueron, en parte, una reacción a los cuadros de Cristo en el huerto de los olivos que sus amigos Gauguin y Émile Bernard habían pintado ese año de imaginación. A Van Gogh le irritaron («no se ha observado nada») y respondió pintando «en los olivares, mañana y tarde, en estos días claros y fríos, pero con un sol hermoso y brillante»: cinco lienzos más, además de los tres de junio. «Lo que he hecho es una realidad bastante dura y tosca al lado de sus abstracciones, pero tendrá una cualidad rústica y olerá a tierra», le dijo a Theo. Y a Bernard le explicó su posición: «No pintaré un Cristo en el huerto de los olivos, sino la recolección de la aceituna tal como se ve hoy, y dando a la figura humana su lugar en ella, quizá uno se acuerde de aquello». Se puede expresar la angustia, decía, sin recurrir al Getsemaní real, y un sentimiento dulce y consolador sin pintar las figuras del Sermón de la Montaña. Él mismo había abandonado el verano anterior un intento de pintar a Cristo en el monte de los Olivos: le costaba trabajar de imaginación y sentía que debía partir de la naturaleza.

Los cuadros de la serie

Junio de 1889

Van Gogh distingue en sus cartas tres olivares de junio, su segundo mes en el asilo: Los olivos con los Alpilles al fondo (MoMA, F712), con los árboles retorcidos ante las estribaciones de los Alpes y una nube blanca de forma extraña; el Olivar del Nelson-Atkins Museum de Kansas City (F715), con hojas grises y «sus sombras violetas tendidas sobre la arena soleada», en el que en 2017 apareció un saltamontes muerto atrapado en la pintura; y el Olivar del Kröller-Müller (F585). A ellos se suma Olivos: cielo azul brillante del Museo Van Gogh (F709), de tonos fríos y azules.

Otoño de 1889

Tras un olivar de septiembre (F711, colección particular), del otoño son los cuadros más intensos: Olivos de la National Gallery de Escocia (F714), que se ha interpretado como reflejo de su estado de agitación; Olivos con cielo amarillo y sol del Minneapolis Institute of Art (F710), de naranjas y amarillos otoñales, frente a los verdes azulados fríos de junio; el Olivar del Metropolitan (F708); el Olivar del Museo Van Gogh (F707) y Olivar: cielo naranja de Gotemburgo (F586), en cálidos colores de otoño, que Van Gogh regaló al doctor Gachet. Y en diciembre, las tres versiones de las recolectoras de aceitunas: la primera, un estudio del natural «en tonos más profundos» (F654, Museo Goulandris, Atenas); la segunda, la más resuelta y estilizada, destinada a su madre y su hermana (F655, Metropolitan); y la tercera, pintada en el estudio «en una gama de color muy discreta» (F656, National Gallery de Washington). En ellas los árboles envuelven a las mujeres hasta fundirse con ellas: naturaleza y personas forman un solo cuerpo. El Kröller-Müller tiene además un olivar con una pareja recogiendo aceitunas (F587).

Análisis: dibujar con el color

El cuadro del MoMA

En Los olivos con los Alpilles al fondo, olivos verdes retorcidos se levantan ante las colinas y bajo un cielo con una nube blanca que se ha descrito como «ectoplásmica». Cuando los cuadros se secaron, Van Gogh envió este y La noche estrellada a Theo con una advertencia (carta 805): «Los olivos con nube blanca y fondo de montañas, así como la Salida de la luna y el Efecto de noche, son exageraciones desde el punto de vista de la disposición; sus líneas están retorcidas como las de los grabados antiguos en madera». Exasperado por «la perfección fotográfica e insulsa de cierta gente», buscaba una intensidad que nace del color y de la línea.

La pincelada

Van Gogh usa aquí el concepto impresionista del color roto, pero para dibujar con el color: pinceladas cortas y separadas, como líneas, que dan luz y forma al suelo, a los troncos y hasta al cielo. La National Gallery de Washington lo describe así: sus pinceladas hacen que el suelo e incluso el cielo parezcan vivos con el mismo temblor que las hojas agitadas por el viento. No parecen pintadas, sino dibujadas con un pincel muy cargado; su ritmo continuo transmite la fuerza que Van Gogh sentía en los propios árboles. La serie, además, es más refinada que otras suyas: sin la pasta gruesa a la que estaba acostumbrado.

El azul de lo divino

En La noche estrellada y en los olivares Van Gogh usó el azul intenso del cielo para simbolizar la presencia «divina e infinita», y bañó los olivos, emblema de Cristo, en una luz dorada radiante: buscaba un «lenguaje artístico moderno» para lo sagrado, sin pintar escenas religiosas. La National Gallery de Escocia lo resume: en los olivares encontró un tema que podía llevar asociaciones religiosas de forma natural, y en su pincelada exagerada y su color vivo expresó las fuerzas de la naturaleza que para él eran «algo apasionado, sobrenatural y eterno».

Contexto: el año de Saint-Rémy

Van Gogh ingresó voluntariamente en el asilo de Saint-Paul en mayo de 1889 y allí, con una celda contigua como estudio, pintó unos 150 lienzos en un año. Al principio solo podía pintar el jardín (Lirios, lilas, hiedra); cuando le permitieron salir, los trigales, los cipreses y los olivares. «Me siento más feliz aquí con mi trabajo de lo que podría estarlo fuera», escribió; pero la comida era mala, el único tratamiento eran baños de dos horas dos veces por semana, y las crisis se repitieron. En mayo de 1890 se marchó a Auvers. Cuando, por precaución, le retiraban las pinturas, hizo varios dibujos de olivos.

Dónde ver Los olivos

Los olivares de Van Gogh están repartidos entre museos de Estados Unidos y Europa: MoMA y Metropolitan (Nueva York), National Gallery of Art (Washington), Nelson-Atkins (Kansas City), Minneapolis Institute of Art, Museo Van Gogh (Ámsterdam), Kröller-Müller (Otterlo), National Gallery de Escocia (Edimburgo), Museo de Arte de Gotemburgo y Museo Goulandris (Atenas). Tienes la lista completa en dónde ver los cuadros de Van Gogh, y en esta web hay fichas de Olivos: cielo azul brillante, El huerto de olivos y Mujeres recogiendo aceitunas.

Ficha técnica

TítuloLos olivos / Los olivos con los Alpilles al fondo (The Olive Trees)
AutorVincent van Gogh
FechaSaint-Rémy-de-Provence, junio de 1889
TécnicaÓleo sobre lienzo
Medidas72,6 × 91,4 cm
CatálogoF712 / JH1740; MoMA 581.1998
UbicaciónMuseum of Modern Art, Nueva York
SerieAl menos 15 cuadros de olivos, 1889 (Saint-Rémy)
EtapaSaint-Rémy (1889–1890)
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Obras relacionadas

Fuentes: Wikipedia, «Olive Trees (Van Gogh series)»; cartas 782 y 805 (vangoghletters.org).

Sobre esta ficha. Redactada por Marta Vidal, editora de Museo Van Gogh, y revisada en septiembre de 2026. Fuentes: cartas de Vincent van Gogh en la edición del Van Gogh Museum y el Huygens Institute (vangoghletters.org), catálogos razonados de De la Faille (F) y Hulsker (JH) y la documentación del museo que conserva la obra. Cómo hacemos las fichas.