El japonismo es la influencia del arte japonés en los artistas europeos de finales del siglo XIX, y en Vincent van Gogh fue decisiva. Él mismo la llamaba japonaiserie. Empezó a comprar estampas japonesas en Amberes en 1885, las coleccionó por cientos en París con su hermano Theo, copió tres de ellas al óleo en 1887 y se marchó a Arlés convencido de que el sur de Francia era «el equivalente de Japón». En julio de 1888 lo resumía así: «Toda mi obra se basa en cierto modo en el arte japonés». Este artículo recorre esa relación a través de sus cuadros y sus cartas; la historia y las técnicas de los grabados están en nuestra página sobre el ukiyo-e, los grabados japoneses.
Japón llega a Europa
Según Wikipedia, hasta 1854 el comercio con Japón era un monopolio holandés y lo que llegaba a Europa era sobre todo porcelana y laca. El Tratado de Kanagawa puso fin a dos siglos de aislamiento japonés y abrió el comercio con Occidente, y desde la década de 1860 el ukiyo-e, los grabados en madera japoneses, se convirtió en fuente de inspiración para muchos artistas occidentales, de los impresionistas a Degas, que también los coleccionaba. Cuando Van Gogh llegó a París, la moda estaba en su apogeo.
Amberes: las primeras estampas en la pared (1885)
Según Wikipedia, el interés de Van Gogh empezó con las ilustraciones de Félix Régamey, que publicaban revistas como The Illustrated London News y Le Monde Illustré con escenas de la vida japonesa; desde 1885 pasó de coleccionar ilustraciones de revistas a comprar estampas auténticas. Recién llegado a Amberes, a finales de noviembre de 1885, escribía a Theo que su estudio era bastante aceptable, «sobre todo porque he clavado en las paredes una serie de estampas japonesas que me divierten mucho. Ya sabes, esas figuritas de mujer en jardines o en la orilla, jinetes, flores, ramas de espino retorcidas» (carta 545).
París: cientos de estampas y una exposición (1886–1888)
En París, entre 1886 y 1888, Vincent y Theo compraron estampas en cantidad, muchas a Siegfried Bing, el marchante que más hizo por dar a conocer el arte japonés en Occidente y que después tendría un papel importante en el Art Nouveau. «Theo y yo tenemos cientos de estas estampas japonesas», contaba Vincent a su hermana Willemien en 1888 (carta 590). Según Wikipedia, tenía doce estampas de la serie Cien vistas famosas de Edo de Hiroshige; hoy la colección está en el Museo Van Gogh de Ámsterdam. Llegaron a comerciar con ellas, y en 1887 Vincent organizó una exposición de estampas japonesas en el café du Tambourin, en el bulevar de Clichy de Montmartre, que según él mismo fue un desastre, aunque influyó mucho en Anquetin y Bernard (carta 640); en el retrato de su dueña, Agostina Segatori en el café du Tambourin, se ven estampas en la pared del fondo.
Las estampas entraron también en sus cuadros como motivo. El ejemplo más conocido es el Retrato de Père Tanguy (1887): el vendedor de colores, sentado de frente, ante una pared cubierta de grabados japoneses, entre ellos un paisaje con el monte Fuji, actores de kabuki y cerezos en flor.
Las tres copias: Hiroshige y Eisen (1887)
En 1887 Van Gogh hizo tres copias al óleo de estampas japonesas, las únicas de su obra. Dos son de Utagawa Hiroshige, de la serie Cien vistas famosas de Edo: el Ciruelo en flor, según el Jardín de ciruelos en Kameido (1857), y el Puente bajo la lluvia, según Chubasco repentino sobre el puente Shin-Ōhashi y Atake (1857). Según Wikipedia, Van Gogh cambió los colores y añadió bordes llenos de caracteres caligráficos que tomó de otras estampas: no copiaba para reproducir, sino para aprender un modo de componer y de usar el color.
La tercera es la Cortesana (según Eisen). El número de mayo de 1886 de la revista Paris Illustré, dedicado a Japón con textos del marchante Tadamasa Hayashi, llevaba en la portada, invertida, una estampa de Keisai Eisen con una cortesana (oiran). Van Gogh la calcó y, según el Museo Van Gogh, la amplió con una cuadrícula y la rodeó de un estanque con nenúfares, cañas de bambú, grullas y ranas; el museo señala que grue (grulla) y grenouille (rana) eran en la jerga francesa nombres de la prostituta. El resultado, de 100,7 × 60,7 cm, está en el Museo Van Gogh.
Lo que aprendió de las estampas
Wikipedia enumera los rasgos del ukiyo-e que se encuentran en muchos cuadros de Van Gogh desde Amberes: temas cotidianos, encuadres cortados de forma llamativa, contornos firmes, una perspectiva ausente o poco habitual, zonas planas de color uniforme, luz homogénea sin claroscuro y el gusto por los motivos decorativos. El propio Van Gogh lo explicaba a Émile Bernard en junio de 1888, cuando le proponía usar el blanco y el negro tal como se los vende el vendedor de colores, en una «simplificación del color a la manera japonesa»: «Porque el japonés no tiene en cuenta los reflejos, pone sus tintas planas una junto a otra, con líneas características que señalan ingenuamente movimientos o formas» (carta 622).
Se ve en los contornos oscuros y los colores planos de La mousmé, en las vistas en picado y los primeros planos cortados de los huertos de Arlés y en los fondos lisos de los retratos. Hasta pensó la decoración de la Casa Amarilla «a la japonesa»: a Willemien le contaba que quería meter al menos seis lienzos muy grandes en un cuarto pequeño, «como hacen los japoneses», porque ellos buscan los contrastes por instinto (carta 678).
Arlés, el Japón del sur (1888)
Van Gogh se fue a Arlés en febrero de 1888 buscando, en parte, un Japón propio. Al día siguiente de llegar escribía a Theo que el paisaje bajo la nieve, con las cumbres blancas contra un cielo tan claro como la nieve, era «igual que los paisajes de invierno que hacían los japoneses» (carta 577). En marzo le decía a Bernard que esa región le parecía «tan bella como Japón por la limpidez de la atmósfera y los efectos de color alegres», con láminas de agua de un esmeralda y un azul intensos «como los vemos en las estampas japonesas» (carta 587). Ese mes pintó los primeros huertos en flor y el puente de Langlois, un puente levadizo de madera sobre un canal.
En junio lo convirtió en programa: «Mira, amamos la pintura japonesa, hemos sentido su influencia, todos los impresionistas tienen eso en común; ¿y no iríamos a Japón, es decir, a lo que es el equivalente de Japón, el sur? Así que creo que el futuro del arte nuevo sigue estando en el sur» (carta 620). En julio llamaba a los impresionistas «los japoneses franceses» (carta 642) y escribía la frase que resume su japonismo: «Toda mi obra se basa en cierto modo en el arte japonés […]. El arte japonés, en decadencia en su propio país, está echando nuevas raíces entre los artistas impresionistas franceses» (carta 640).
El artista japonés como ideal
Según Wikipedia, Van Gogh se formó una idea idealizada del artista japonés que le llevó a la Casa Amarilla y al proyecto de una colonia de artistas con Paul Gauguin. En septiembre de 1888 escribía a Theo sobre el sabio japonés que pasa la vida estudiando una brizna de hierba, y de ella pasa a las plantas, las estaciones, los paisajes, los animales y la figura humana: «¿No es casi una religión nueva lo que nos enseñan estos japoneses, tan sencillos, que viven en la naturaleza como si ellos mismos fueran flores? Y no podríamos estudiar el arte japonés, me parece, sin volvernos mucho más alegres y más felices» (carta 686).
Unos días después, en el autorretrato que mandó a Gauguin a cambio del suyo, se pintó con la cabeza rapada: «exagerando también mi personalidad, he buscado más bien el carácter de un bonzo, un sencillo adorador del Buda eterno» (carta 695). Y en enero de 1889, tras la crisis en la que se cortó la oreja, se retrató con la venda ante un lienzo y una estampa japonesa en el Autorretrato con la oreja vendada de la Courtauld.
Obras japonistas de Van Gogh
- Cortesana (según Eisen), 1887. Museo Van Gogh.
- Ciruelo en flor (según Hiroshige), 1887. Museo Van Gogh.
- Puente bajo la lluvia (según Hiroshige), 1887. Museo Van Gogh.
- Retrato de Père Tanguy, 1887. Museo Rodin, París.
- El puente de Langlois, 1888.
- La mousmé, 1888: «una mousmé es una niña japonesa, provenzal en este caso» (carta 650).
- Autorretrato con la oreja vendada, 1889. Courtauld, Londres.
- Almendro en flor, 1890: ramas en flor recortadas contra un cielo azul liso.
Dónde ver el japonismo de Van Gogh
El Museo Van Gogh de Ámsterdam conserva las tres copias de 1887 y la colección de estampas japonesas que reunieron Vincent y Theo. Tienes otras obras en los cuadros del Museo Van Gogh y el contexto de esos años en las etapas de París (1886–1888) y Arlés (1888–1889).
Fuentes: Wikipedia, «Japonaiserie (Van Gogh)» (en); vangoghletters.org, cartas 545, 577, 587, 590, 620, 622, 640, 642, 650, 678, 686 y 695, con sus notas; Museo Van Gogh (vangoghmuseum.nl).
