Camille Pissarro (1830–1903) fue el único pintor que expuso en las ocho exposiciones impresionistas y un maestro para varias generaciones de pintores: Cézanne decía que había sido «un padre» para él, y Wikipedia lo describe como una figura paterna para los cuatro grandes postimpresionistas, Cézanne, Seurat, Gauguin y Van Gogh. Vincent y Theo le trataron en París desde la primavera de 1887, y su relación duró hasta la muerte de Vincent en 1890. Las cartas muestran a un Pissarro que da consejos sobre el color, mira con interés los cuadros de Arlés y, cuando Vincent quiere salir del asilo de Saint-Rémy, encuentra la solución: el doctor Gachet de Auvers. Su vida y su obra se cuentan en la biografía de Camille Pissarro; esta página trata de su relación con Van Gogh.
Cómo se conocieron: París, 1887
Van Gogh llegó a París en marzo de 1886 y vivió con su hermano Theo, que trabajaba como marchante en la galería Boussod, Valadon & Cie. Según el Museo Kröller-Müller, en la primavera de 1887 los dos hermanos entraron en contacto con Camille Pissarro y con su hijo Lucien, pintor y grabador, y se hicieron amigos: compartían el entusiasmo por el neoimpresionismo y por las estampas japonesas.
Pissarro, que vivía en Éragny, en el campo, había adoptado por entonces la técnica de Georges Seurat y Paul Signac: desde 1885 pintaba con pequeños toques de color puro yuxtapuestos. En esos meses Van Gogh también probó el puntillismo, sin adoptarlo del todo; lo cuenta la página sobre Signac y Van Gogh.
«À l’ami Lucien Pissarro»: el intercambio de obras
La amistad con los Pissarro dejó un rastro concreto. Vincent regaló a Lucien una Cesta de manzanas (F378), pintada en otoño de 1887, con la dedicatoria «à l’ami Lucien Pissarro», a cambio de varios grabados en madera de Lucien. Según el Kröller-Müller, que hoy conserva el cuadro, es la única vez que, en su etapa de París, dedicó una obra a un artista de su tiempo. En Arlés, en marzo de 1888, Vincent contaba a Theo que acababa de terminar «un estudio como el mío que tiene Lucien Pissarro, pero esta vez de naranjas» (carta 583): es la Cesta con naranjas.
Con Camille el intercambio tardó más. En abril de 1888 Vincent esperaba «que algún día haga un cambio con nosotros» (carta 594), pero según las notas de la edición probablemente no lo hubo en vida de Vincent: en agosto de 1890 Theo cambió La morera (F637) por un cuadro de Pissarro (carta 594, nota 9). Pissarro sí regaló a Jo, la mujer de Theo, un abanico pintado con figuras en un prado y un arco iris, que hoy está en el Museo Van Gogh (carta 830, nota 15).
Lo que Van Gogh aprendió de Pissarro: exagerar el color
Desde Arlés, Vincent siguió pendiente de lo que Pissarro pensaba. En junio de 1888 citaba a Theo un consejo suyo que hizo propio: «Lo que dice Pissarro es verdad: hay que exagerar con audacia los efectos que producen los colores con sus armonías o sus discordancias». Y añadía que, igual que en el dibujo, el dibujo exacto y el color exacto quizá no eran lo esencial, porque el reflejo de la realidad en un espejo, aunque se pudiera fijar con su color, no sería un cuadro (carta 620). Es una buena descripción de lo que estaba haciendo en el sur, con los amarillos y los azules llevados al límite.
En septiembre de 1888 Pissarro fue a ver a Theo y vio La mousmé. Vincent se alegró: «Me da mucho gusto que Pissarro haya encontrado algo en la muchacha». Y preguntó enseguida: «¿Dijo algo Pissarro del sembrador?», refiriéndose a El sembrador a la puesta del sol, su primer gran ensayo de color simbólico (carta 676, notas 10 y 11). Unos meses antes, en marzo, Vincent había soñado con una asociación de pintores en la que los grandes impresionistas, Degas, Monet, Renoir, Sisley y Pissarro, cedieran cuadros para mantener a los más jóvenes (carta 584).
«Si el viejo Pissarro quisiera acogerme» (1889)
En septiembre de 1889, desde el asilo de Saint-Rémy, Theo le contó que «el viejo Pissarro» había hecho últimamente cosas muy buenas, con esa rusticidad del hombre que está más a gusto en zuecos que en botas lustradas, y que acababa de perder a su madre (carta 799); además le habían operado de un ojo. Vincent, agotado por la vida entre enfermos, contestó con una propuesta: no quería acabar en una pensión, pero «sería distinto si el viejo Pissarro o Vignon, por ejemplo, quisieran acogerme en su casa. En fin, yo soy pintor». Nada más leer las desgracias de Pissarro se le había ocurrido la idea, y pedía a Theo que se lo preguntara: si le pagaba lo mismo que en el asilo, le compensaría (carta 801).
Pissarro dijo que no. Theo se lo explicó el 4 de octubre: había hablado con él y, a los pocos días, Pissarro le respondió que en su casa no era posible, aunque Theo sospechaba que la decisión era más bien de su mujer. Pero Pissarro conocía a alguien en Auvers, un médico que pintaba en sus ratos libres (carta 807). En noviembre Theo añadía que Pissarro y su mujer habían buscado algún alojamiento por la zona, pero que él creía que Vincent estaría mejor con ese doctor de Auvers (carta 819).
Auvers y el doctor Gachet (1890)
Ese médico era el doctor Paul Gachet, amigo de los impresionistas desde hacía años. En mayo de 1890 Vincent salió del asilo, pasó unos días en París y se instaló en Auvers-sur-Oise. En su primera carta desde allí contaba que Gachet tenía en casa «un Pissarro muy bueno», un invierno con una casa roja en la nieve, y dos ramos de Cézanne (carta 873). Allí pintó el Retrato del doctor Gachet.
Pissarro siguió en contacto con Theo. En abril de 1890 Theo y Jo pensaban pasar la Pascua de Pentecostés en Éragny, invitados por él, aunque no llegaron a ir porque Pissarro se había marchado a Londres (carta 862, nota 4), y el 6 de julio Pissarro escribió que esperaba que Theo fuera a verle el 14 de julio con Vincent y Andries Bonger, el hermano de Jo; la visita no llegó a hacerse (carta 897, nota 2). Vincent murió el 29 de julio. En una de sus últimas cartas todavía ponía a Pissarro como medida: algún día se verían impresionistas que estuvieran a la altura «de Millet, de Pissarro» (carta 889).
Dos maneras de pintar el campo
Pissarro y Van Gogh compartían algo más que amistad: los dos pintaron a los campesinos y el trabajo en el campo sin idealizarlos, «sin artificio ni grandeza», como dice Wikipedia de Pissarro. Pero la pincelada de Pissarro, paciente y tramada, buscaba la armonía de la luz; la de Van Gogh, en Arlés y Saint-Rémy, se volvió gruesa, ondulante y expresiva. Pissarro le aconsejó exagerar el color, y Vincent fue mucho más lejos de lo que él mismo haría nunca. Si quieres ver los dos mundos juntos, el Museo de Orsay de París conserva obras de ambos, entre ellas el retrato de Gachet y cuadros de Pissarro, y en esta web tienes una de sus vistas de París, El bulevar Montmartre de noche.
Para el contexto, lee impresionismo y postimpresionismo y los cuadros de la etapa de París (1886–1888).
Fuentes: vangoghletters.org, cartas 583 (nota 3), 584, 594 (notas 8 y 9), 620, 676 (notas 10 y 11), 799, 801 (notas 17 y 18), 807, 819, 830 (nota 15), 862, 873, 889 y 897 (nota 2); Museo Kröller-Müller, ficha de Cesta de manzanas (KM 108.800); Wikipedia, «Camille Pissarro» (en).
