Gustave Courbet (Ornans, 10 de junio de 1819 – La Tour-de-Peilz, Suiza, 31 de diciembre de 1877) fue el pintor francés que encabezó el realismo a mediados del siglo XIX. Se negó a pintar lo que no podía ver, rechazó las convenciones académicas y el romanticismo de la generación anterior y llevó a lienzos enormes, reservados hasta entonces a la historia y la religión, a campesinos, obreros y gente corriente de su pueblo. Su independencia fue un ejemplo para Manet, los impresionistas y los pintores que vinieron después. También fue un personaje público y político: participó en la Comuna de París de 1871, pasó seis meses en la cárcel y murió exiliado en Suiza. Vincent van Gogh lo admiró toda su vida y lo cita en muchas de sus cartas.
Ornans y los primeros años en París (1819–1848)
Jean Désiré Gustave Courbet nació en Ornans, en el departamento del Doubs (Franco Condado), hijo de Régis y Sylvie Oudot, en una familia de propietarios rurales con ideas antimonárquicas. Sus hermanas Zoé, Zélie y Juliette fueron sus primeros modelos. Toda su vida volvió a Ornans a cazar, pescar y buscar temas: el apego a su tierra natal es uno de los rasgos de su realismo.
En 1839 se trasladó a París. Pasó poco tiempo por los talleres de Steuben y Hesse y prefirió formarse por su cuenta copiando en el Louvre a los maestros españoles, flamencos y franceses. De esos años son varios autorretratos de concepción todavía romántica, en los que se presenta en distintos papeles: el Autorretrato con perro negro (admitido en el Salón de 1844), El hombre herido (Museo de Orsay), el Hombre con pipa (Museo Fabre, Montpellier) y el teatral El desesperado (Le Désespéré, hacia 1843–1845), en el que el pintor se mira a sí mismo con los ojos muy abiertos y las manos en el pelo. Un viaje a los Países Bajos y Bélgica en 1846–1847 le reafirmó en que el pintor debía retratar la vida que le rodeaba, como habían hecho Rembrandt y Hals.
El realismo: Los picapedreros y el Entierro en Ornans (1849–1851)
El primer éxito llegó en el Salón de 1849 con Después de la cena en Ornans, que obtuvo una medalla de oro y fue comprado por el Estado; la medalla le permitió exponer en el Salón sin pasar por el jurado hasta 1857. En 1849–1850 pintó Los picapedreros, dos hombres, uno joven y otro viejo, rompiendo piedras al borde de un camino: «No es frecuente encontrar una expresión tan completa de la pobreza», explicó. El cuadro se destruyó en 1945, durante el bombardeo aliado de Dresde.
En el Salón de 1850–1851 presentó Un entierro en Ornans (Museo de Orsay), un lienzo de enorme formato con el funeral de un tío abuelo suyo, al que había asistido en septiembre de 1848, pintado con los propios vecinos como modelos. La crítica le acusó de buscar la fealdad: unos campesinos sin gestos teatrales, a escala de cuadro de historia. Courbet lo resumió así: el Entierro había sido «en realidad el entierro del romanticismo». Desde entonces fue una celebridad, tratado de genio, de «terrible socialista» y de «salvaje», y asoció su idea del realismo con el anarquismo político.
El Pabellón del Realismo y El taller del pintor (1855)
Para la Exposición Universal de 1855 Courbet presentó catorce cuadros; le rechazaron tres, entre ellos el Entierro y El taller del pintor (Museo de Orsay), una «alegoría real» de siete años de su vida artística y moral en la que aparece pintando en el centro, rodeado a la derecha por sus amigos y defensores, como Champfleury, Baudelaire o el coleccionista Alfred Bruyas, y a la izquierda por el mundo de la vida corriente. Courbet respondió levantando junto a la exposición oficial su propio Pabellón del Realismo, con cuarenta cuadros. En el catálogo escribió un manifiesto: quería «traducir las costumbres, las ideas, el aspecto de mi época según mi propia apreciación; ser no solo pintor, sino también hombre; en una palabra, hacer arte vivo». El público no respondió, pero Delacroix, Baudelaire y Champfleury reconocieron en El taller una obra maestra, y Courbet quedó como héroe de la vanguardia.
Escándalos y paisajes (1856–1870)
En el Salón de 1857 provocó un nuevo escándalo con Señoritas a orillas del Sena: dos mujeres modernas tumbadas bajo un árbol, mostrando la ropa interior, en lugar de las ninfas intemporales del desnudo académico. Lo combinó con escenas de caza, que le daban ventas. En los años sesenta pintó desnudos cada vez más eróticos, que culminaron en El origen del mundo (1866, Museo de Orsay), que no se expuso en público hasta 1988, y El sueño (1866, Petit Palais), con dos mujeres en la cama. También son de estos años Mujer en las olas, La fuente y las marinas de la costa de Normandía, como La ola (1869, Museo de Bellas Artes de Lyon). En 1870 Napoleón III le propuso para la Legión de Honor y Courbet la rechazó, lo que le hizo aún más popular entre los opositores al régimen.
La Comuna, la columna Vendôme y el exilio (1871–1877)
En septiembre de 1870, en plena guerra franco-prusiana, Courbet propuso desmontar la columna de la plaza Vendôme, levantada por Napoleón I, por considerarla un monumento sin valor artístico que perpetuaba las ideas de guerra y conquista. Con la Comuna de París (marzo-mayo de 1871) organizó una Federación de Artistas, fue elegido delegado del distrito VI y encargado de las Bellas Artes. La columna fue derribada el 16 de mayo. Tras la caída de la Comuna, Courbet fue detenido el 7 de junio y condenado por un tribunal militar a seis meses de prisión y 500 francos de multa; en la cárcel de Sainte-Pélagie, sin modelos, pintó una serie de bodegones de flores y frutas.
En 1873 el nuevo presidente de la República, Mac-Mahon, decidió reconstruir la columna a costa de Courbet. Incapaz de pagar, el pintor se exilió en Suiza, donde pintó paisajes del Jura y truchas ensangrentadas que se han leído como autorretratos del exiliado. En mayo de 1877 el Estado fijó el coste en 323.000 francos, a pagar en plazos anuales de 10.000 durante 33 años. Courbet murió en La Tour-de-Peilz el 31 de diciembre de 1877, la víspera del primer plazo, a los 58 años.
Obras principales de Courbet
- El desesperado (hacia 1843–1845): el autorretrato más teatral de su juventud. Colección particular.
- Después de la cena en Ornans (1849): medalla de oro en el Salón.
- Los picapedreros (1849): destruido en 1945.
- Un entierro en Ornans (1849–1850) y El taller del pintor (1855): Museo de Orsay, París.
- Las bañistas y La hilandera dormida (1853) y Buenos días, señor Courbet (1854): Museo Fabre, Montpellier, de la colección de Alfred Bruyas.
- Señoritas a orillas del Sena (1856–1857): Petit Palais, París.
- El origen del mundo (1866): Museo de Orsay.
- La ola (1869): una de sus marinas. Museo de Bellas Artes de Lyon.
Courbet y Van Gogh
Van Gogh nunca conoció a Courbet, que murió cuando Vincent todavía estudiaba en Ámsterdam para ser pastor, pero lo nombra en muchas cartas, casi siempre junto a Millet, Delacroix y Manet, entre los grandes de la generación anterior. En julio de 1882, en La Haya, vio en una exposición de cuadros de colecciones privadas, con obras de Mesdag y otros coleccionistas, un paisaje de Courbet (atribución hoy discutida, según las notas de la edición), que describió a Theo con detalle: «tierra amarilla, ondulada, arenosa, con hierba joven y fresca aquí y allá, con cercas de ramas negras contra las que destacan unos troncos blancos de abedul» (carta 246).
En Nuenen, mientras pintaba campesinos y cabañas, citaba con humor la famosa frase de Courbet, «¡pintar ángeles! ¿quién ha visto nunca ángeles?» (carta 515, julio de 1885), y en octubre de ese año ponía como modelo un retrato de Courbet, «viril, libre, pintado en toda clase de tonos hermosos y profundos de pardo rojizo, de dorado, de violeta más frío en la sombra, con el negro como contraste», frente a quienes imitaban el color de la cara «con una precisión espantosa» (carta 537). Ese realismo sin idealizar, que también había visto en Millet, es el de Los comedores de patatas y de estudios como la Cabeza de mujer campesina con gorra blanca.
Desde Arlés escribió a su hermana Willemien que en la historia del arte moderno había nombres como Delacroix, Millet, Corot, Courbet y Daumier «que dominan todo lo que se ha producido en otros países» (carta 626), y a Theo, que Manet y Courbet habían estado muy cerca de «casar la forma y el color» (carta 657, agosto de 1888). En diciembre de 1888 fue con Paul Gauguin al Museo Fabre de Montpellier, donde estaba la colección de Bruyas: «De Courbet, primero, Las muchachas del pueblo, magnífico, una mujer desnuda vista de espaldas, otra en el suelo, en un paisaje. Segundo, La hilandera (soberbia), y un montón más de Courbets» (carta 726; según las notas, se refiere a Las bañistas y La hilandera dormida, ambas de 1853). Meses después, ya en Saint-Rémy, recordaba aquella visita y los «magníficos Courbets, que son maravillas» (carta 800).
La frase que a menudo se atribuye a Van Gogh, que Courbet era «el padre de la modernidad», no aparece en sus cartas. Lo que sí se ve en ellas es cómo lo admiraba: por pintar lo que tenía delante sin idealizarlo y por su libertad con el color y la pincelada.
Dónde ver la obra de Courbet
El Museo de Orsay de París conserva sus grandes lienzos, Un entierro en Ornans y El taller del pintor, además de El origen del mundo y El hombre herido. El Museo Fabre de Montpellier tiene la colección de Alfred Bruyas que vio Van Gogh, y el Petit Palais de París, El sueño y Señoritas a orillas del Sena. En Ornans, su pueblo natal, hay un museo dedicado a él. Para situarlo en su época, consulta también la biografía de Eugène Delacroix, el otro gran nombre que Van Gogh admiraba en el Museo Fabre, y la de Claude Monet, de la generación que siguió el ejemplo de Courbet.
Fuentes: Wikipedia, «Gustave Courbet» (en, es); vangoghletters.org, cartas 246 (nota 14), 515 (nota 7), 537, 626, 657, 726 (notas 4, 22 y 23) y 800 (nota 32).
