La matanza de Quíos (Scènes des massacres de Scio, «Escenas de las matanzas de Quíos») es un óleo sobre lienzo de Eugène Delacroix pintado en 1824, de 419 × 354 cm, que se conserva en el Museo del Louvre de París. Es su segunda gran pintura y representa el horror de la masacre de Quíos, la isla griega del Egeo arrasada por las tropas otomanas en 1822 durante la guerra de independencia de Grecia: familias griegas, heridas y desesperadas, aguardan la muerte o la esclavitud ante un paisaje de devastación. Expuesto en el Salón de 1824, escandalizó a la Academia (Gros lo llamó «la matanza de la pintura»), fue comprado por el Estado ese mismo año y convirtió a Delacroix, con 26 años, en el jefe de filas del romanticismo francés.
Significado de La matanza de Quíos: qué representa
El 12 de abril de 1822 las fuerzas otomanas atacaron a los habitantes de Quíos, y la campaña se prolongó varios meses, hasta el verano: murieron unas veinte mil personas y casi todos los setenta mil supervivientes fueron deportados como esclavos. Delacroix, que en septiembre de 1821 ya había escrito a un amigo que quería hacerse un nombre pintando una escena de la guerra entre otomanos y griegos, se comprometió en mayo de 1823 a pintar la masacre.
El cuadro presenta, a modo de friso, a trece civiles, hombres, mujeres y niños, reunidos para ser asesinados o esclavizados, ante un paisaje de pueblos saqueados y tierra quemada. Lo insólito para la época es que no hay ningún héroe que compense a las víctimas aplastadas, ni casi nada que sugiera esperanza. Y la energía con que está pintado el agresor, el soldado a caballo, frente a la representación desolada de las víctimas, ha llamado la atención de los críticos desde que se colgó por primera vez: algunos críticos han llegado a acusar a Delacroix de cierta simpatía por los brutales ocupantes. El título completo del catálogo del Salón ya anunciaba el tema: «Escenas de las matanzas de Quíos; familias griegas esperan la muerte o la esclavitud, etc.».
Análisis: dos pirámides humanas
La composición
Delacroix había quedado muy impresionado por La balsa de la Medusa de Géricault, para la que él mismo había posado como el joven del primer plano con el brazo extendido, y la disposición piramidal de aquel cuadro reaparece aquí. Las figuras se organizan en dos pirámides: la de la izquierda culmina en el hombre del fez rojo; la de la derecha, en el soldado montado. Entre las dos, dos soldados en sombra y otra pareja de víctimas griegas, un joven abrazado por una joven. Sobre esta disposición poco natural, Delacroix anotó en su Diario: «Hay que llenar; si es menos natural, será más bello y más fecundo». El grupo denso del primer plano contrasta con el espacio abierto y disperso del fondo, donde tierra y mar, luz y sombra se funden en bandas de color, y las nubes parecen olvidar las leyes de la perspectiva. Elisabeth Fraser ha señalado que el fondo «corta el centro de la composición y se hunde inexplicablemente» detrás del grupo de figuras: el cuadro se rompe en fragmentos, con racimos de cuerpos y miradas dispersas que compiten por la atención.
Resignación y violencia
Los dos hombres de la pirámide izquierda están heridos: el del frente agoniza, con la mirada perdida, y el que está sentado en lo alto parece incapaz de defenderse; mira hacia los niños que sufren delante de él, pero su mirada no se posa en ellos. Todo el grupo respira una resignación abatida. La pirámide derecha, en cambio, tiene un empuje vertical vigoroso: la mujer atada al caballo que se retuerce, la figura que se estira hacia arriba a su lado, la crin del caballo y el soldado que lo domina desde la silla. Y al pie, una anciana levanta la cabeza hacia el cielo mientras, a su derecha, un bebé busca el consuelo de su madre en un cadáver de puño crispado. En el plano medio se desarrolla otra escena de desastre, y en el fondo arden los pueblos; el horizonte mediterráneo, de colores terrosos, solo lo rompen el humo, la crin del caballo encabritado y la cabeza del soldado.
Las figuras y el color
En su Diario, Delacroix cuenta durante semanas su deseo de alejarse de las figuras musculosas y académicamente correctas de su primera obra, Dante y Virgilio en los infiernos. Dos estudios de entonces, Cabeza de anciana griega y Muchacha sentada en un cementerio, muestran la combinación de modelado sin exageración y contorno acentuado que buscaba. En el cuadro final el tratamiento es menos uniforme: la carne del moribundo del primer plano está construida con color, frente al modelado más tonal del desnudo de la derecha y al esquematismo, a lo Veronés, del bebé. Esa manera de modelar con color, y no con dibujo, es una de las razones por las que Van Gogh lo admiró como colorista.
El Salón de 1824: «la matanza de la pintura»
El Salón de 1824 abrió el 25 de agosto, una fecha inusualmente tardía, y el cuadro se expuso con el número 450 en la misma sala que El voto de Luis XIII de Ingres. Aquella confrontación entre dos maneras opuestas de entender la forma marcó el inicio de la rivalidad pública entre los dos pintores; Delacroix pensó que fue entonces cuando la Academia empezó a verlo como «objeto de antipatía». Alejandro Dumas contó que «siempre hay un grupo delante del cuadro, pintores de todas las escuelas discutiendo acaloradamente». Dumas y Stendhal creyeron que representaba una peste, lo que en parte era cierto. Gros, de cuya Peste de Jaffa Delacroix había tomado prestado bastante, lo llamó «la matanza de la pintura». Ingres dijo que ejemplificaba «la fiebre y la epilepsia» del arte moderno. Girodet y Thiers fueron más favorables, y el Estado lo compró ese mismo año para el Museo del Luxemburgo por 6.000 francos, una operación que el conde de Forbin, director de los museos reales, hizo sin la aprobación oficial del rey, con la consiguiente polémica interna. En noviembre de 1874 pasó al Louvre.
Delacroix, Quíos y Van Gogh
Este cuadro y La muerte de Sardanápalo, tres años posterior, fijaron el programa del romanticismo: color, movimiento, temas contemporáneos o exóticos y desprecio por la corrección académica. Van Gogh, que veneraba a Delacroix, copió en Saint-Rémy su Piedad y aprendió de él que el color podía expresar por sí mismo; en Grecia, el cuadro es un símbolo nacional: una copia hecha en el taller de Delacroix por un alumno se expone en el Museo de la Guerra de Atenas, y otra en el museo bizantino de la propia Quíos.
Dónde ver La matanza de Quíos
En el Museo del Louvre de París, en las salas de pintura francesa del siglo XIX, cerca de La Libertad guiando al pueblo. Si tu viaje a París es por Van Gogh, tienes las obras de Orsay en dónde ver los cuadros de Van Gogh.
Ficha técnica
| Título | Escenas de las matanzas de Quíos / La matanza de Quíos (Scènes des massacres de Scio) |
|---|---|
| Autor | Eugène Delacroix |
| Fecha | 1824 |
| Técnica | Óleo sobre lienzo |
| Medidas | 419 × 354 cm |
| Ubicación | Museo del Louvre, París (comprado por el Estado en 1824; en el Louvre desde 1874) |
| Primera exposición | Salón de 1824, París (n.º 450) |
Obras relacionadas
- La Libertad guiando al pueblo: la obra más famosa de Delacroix.
- La muerte de Sardanápalo: el escándalo siguiente, en 1827.
- Eugène Delacroix: biografía.
- Piedad (según Delacroix): la copia de Van Gogh.
- El estilo de Van Gogh: lo que aprendió de Delacroix sobre el color.
Fuentes: Wikipedia, «The Massacre at Chios»; Museo del Louvre.
